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9 oct. 2007

UNA NOCHE EN LA BIBLIOTECA DISNEROS


9 de Octubre
Día de Cervantes

Al atardecer, cansados de deambular por Alcalá. Después de haber recorrido monumentos, exposiciones, y un sin fin de actos, Don Quijote invitó a Sancho, le acompañase a la biblioteca Cisneros. No es que fuese del agrado de Sancho, pero estaba cansado de tanto ajetreo y tanto bullicio, y sabía que allí, al menos recobraría un poco de paz.
Entraron silenciosos como si de un templo tratase. Sancho se acomodó en uno de los sillones de la entrada. Don Quijote se introdujo por los pasillos repletos de estanterías llenas de libros.
Tras unas horas perdido entre las estanterías, aparece don Quijote con un montón de libros. Los apiló en una mesa, y se sentó para ojearlos cómodamente.
Don Quijote. Leía y releía uno tras otro, de vez en cuando decía: “cuánta sabiduría encierran los libros”.
- La sabiduría señor, es como el horizonte, por mucho que camines hacia él, está igual de lejos.
- ¿Es por eso que tu no te decides a emprenderlo?.
- No se fíe señor, sabrá que, “Los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filosofos”.
-Querrás decir, filósofos.
Sancho calló, miraba de reojo a don Quijote. Cogía un libro, , soltaba otro. Pero observó, que unos cuantos los releía repetidamente; “Ensayo sobre la ceguera”. “La sombra del viento”. “Viaje sentimental a los cinco lugares”. “Locas por los libros” ..., este último llamó su atención. Estaba escrito por cinco mujeres que dedicaban unas horas de su tiempo a la lectura, y a veces, a la escritura.
Ya lo creo Sancho, que los montes crían letrados. Mira este libro escrito por mujeres, es un signo de libertad, y, al hilo de libertad, recuerda : “La libertad, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos...”
-En buen momento habla de libertad, nos encontramos encerrados en este edificio, que ni sabemos donde está ..., eso que ahora tiene tantos nombres y antes era el corral.
- Te refieres ¿al escusado, retrete, aseo, váter, water, o cuarto de baño?
- ¡Creí que tenía nombres, pero no tantos!.
Don quijote observó la necesidad de Sancho, pero disimuló y siguió con su lectura.

Sancho Panza que había permanecido en silencio todo el tiempo, miró a don Quijote. Muy socarrón, si n apenas moverse del sillón, dijo: “no crea que tanto libro me apabulla, yo le puedo soltar en un “santiamén”, tantos refranes como frases de esas... idelogicas o filosoficas.
-Dirás, ideológicas, o, filosóficas- dijo don Quijote.
¡Qué más da!-contestó Sancho. ¡Escuche atento!:
- Mejor no, Sancho.-atajó don Quijote -

El ruido de unos pasos silenciaron a don Quijote y Sancho. Una señora con un cubo y una fregona irrumpió en la sala.
- Buenos días- dijo la señora sin la mayor extrañeza al verlos .
-Pues si que han madrugado ustedes -dijo muy resuelta-.
-No hemos madrugado- dijo Sancho-. Nos quedamos encerrados y estamos aquí desde ayer tarde.
Don Quijote había perdido la noción del tiempo. Ni se había dado cuenta de las horas transcurridas.
-¡Por Dios! Si que tienen afición por los libros.-dijo la señora -, al ver el montón de libros acumulados junto a la mesa de don Quijote.
Don Quijote recordó al ama y a su sobrina. La miró de reojo.
-¡Dígame! ¿ Usted no lee?
-Si, cuando tengo tiempo. Y le puedo asegurar que es poco. ¡Menos del que desearía! Usted no sabe el tiempo que le dedico a este cubo y a esta fregona.
-¿Y no adivina quienes somos?-dijo don Quijote muy seguro de sí mismo.
La mujer creyendo que eran vecinos de Alcalá contestó:
-Ya lo creo, dos chiflados que se ganan la vida imitando a otros dos chiflados. Así que venga. Vayan recogiendo todos los libros. He de fregar rápido esta sala. Me esperan tres más.
- Ahora comprendo-,dijo Don Quijote-, lo de..., “desocupado lector”.

Tras recoger los libros y colocarlos en sus respectivas estanterías don Quijote y Sancho, algo apabullados por el desparpajo de la mujer, salieron de la biblioteca. Sancho rogó a don Quijote entrar en algún sitio donde llenar su estómago y evacuar sus intestinos. Entraron en un bar cercano a la biblioteca. Observaron que la mayoría de los asistentes pedían café con leche y un bollo, e hicieron lo mismo.
Con el estómago medio vacío, -Sancho no estaba de acuerdo con los desayunos de la ciudad-. Se dirigieron hacia la plaza de Los Santos Niños. allí descansaron unas horas.

Caminaron por la calle Mayor hasta la plaza. Un grupo de comediantes representaban “EL retablo de las maravillas”.
-Sancho, ¿Qué querría decir con eso de dos chiflados?
-¡Vaya usted a saber!.
-Camina, Sancho, camina.

Kety Morales Argudo
del libro "Camina Sancho camina"

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