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8 may. 2007

SILENCIOSO LETARGO



A mi padre.
In memoriam.


De nuevo regresé para echar un vistazo a la casa. Recorrí una por una las habitaciones para comprobar si todo estaba bien. al llegar al salón me detuve, comprobé que seguían allí, inertes. Uno junto al otro. Unidos como una familia inseparable.
Subí la persiana. La oscuridad me impedía verlos con claridad. Me senté frente a ellos. los observé con gran respeto, por un momento quise levantarme, cogerlos, acariciarlos, deseaba con todas mis fuerzas, tomasen vida de nuevo. Solamente la idea, hizo temblar todo mi cuerpo.
Traté de serenarme, tarde o temprano había que tomar una decisión, no podían seguir toda la vida en ese silencioso letargo. Despues de unos minutos de reflexión, me dirigí a ellos.

Mientras abría el estuche del acordeón, tuve que reprimir mis emociones. Habían sido muchos los años alegrándonos con su sonido. La cogí con cuidado. Desabroché sus correas. Una parte de ella fue cayendo lentamente, como desperezándose. No pudo evitar el aire contenido desde que él marchó y evocó un gran suspiro.
Mi respeto hacia ella era tal, que no me atreví a poner mis torpes dedos en sus teclas. La abrí y la cerré varias veces. Expulsaba en silencio el aire como si la ahogase, tal vez por el paso del tiempo, tuviese alguna lengüeta desafinada. Ya no estaba él para afinarla.
Recuerdo, cuando niña, le ayudaba a afinarlas en aquella mesa vieja, subiendo y bajando un fuelle para comprobar su sonido. Al reclinarla en el sofá, se abrió ligeramente y, al cerrarla, debí tocar unas teclas que sonaron como un ¡Ay! de dolor.
Seguidamente me dirigí al saxofón... Permanecía en la misma postura que él lo dejó. Lo puse en pié. Recorrí sus llaves una a una. Sus zapatetas seguían intactas. Su silencio se hizo tétrico. Era inutil. Aunque hubiese querido arrancarle un sonido, no habría podido. Él siempre quitaba la caña y la guardaba en su cajita, desenroscaba la boquilla y la limpiaba. Era como un ritual, o quizá, fuese una señal de salvaguardarlo ante los demás. ¡Era tal su cariño hacia él! Habían sido muchos, los momentos vividos juntos, buenos, malos, regulares..., quizá por eso guardaba ese silencio. Fue ese silencio espectral, el que me hizo reaccionar y devolverlo a su lugar y posición de origen.
Allí seguía el clarinete, reclinado en el estuche, como si observara con celo todos los movimientos. Observé su figura alargada y flaca. Parecía por su aspecto, el más joven, pero no. Su traje negro y llaves blancas apenas sin brillo le delataban. Era el veterano. Con él compartió parte de su niñez y con él permaneció toda su vida. Después de tantos años no era de extrañar el cariño que de él recibía. Sólo él, era capaz de sacarle sonidos. Estaban aliados.
Sonó el timbre de la puerta.
-¿Quién será?- Me apresuré a colocarlos en su sitio de nuevo.
Un señor desconocido y de aspecto extraño preguntó:
-¿Es aquí dónde vive el músico?
-Bueno..., en realidad...
Cuando marchó pensé... ¡Qué tonta! No sé por qué no le dije que hace años él...
Volví al salón. Los miré de nuevo. Parecían estar más unidos que nunca, cobijados bajo el órgano al que tantas veces escucharon, y, desde que él marchó, también permanecía en silencio.
Bajé la persiana, seguí comprobando el resto de la casa. Todo seguía igual excepto la música.

Kety Morales Argudo
Copyright 2000

7 comentarios:

  1. Hola Kety:
    La nostalgia nos invade porque nos hace vivir una y otra vez nuestras vidas.
    Quiero saber algo más de vosotras.
    Necesito que me mandes el correo de Puri.
    un abrazote...
    Pedro M. Talaván.

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  2. Pedro,

    estoy en Berlín y no tengo la dirección de Puri, pero seguro que ella también lee esto y te puede responder ella misma.

    Grüsse (saludos),

    Kety

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  3. Querida Kety; ya veo que antes de irte dejaste un relato, a mi me suena de los librillos de los tiempos gloriosos del Club de Lectura del JuanI., No sé si estaré acertada. Muy nostálgico como dice Pedro, hace revivir el pasado, y también la tristeza.

    ¿Qué tal por los Berlines? Espero que todo vaya bien, y que Alicia ya esté preparada para más cuentos, que en cuanto se descuide tú le contarás.
    Todos los días hecho un vistazo por aquí que parece un patio de vecindad, (en el buen sentido) y fisgo por aquí y por allá, y me siento un poco portera, la verdad. Aunque esto tiene su gracia, estés donde estés, tú seguirás ampliando tu blog con tus queridos escritos, como éste. Seguiré curiseando para ver que te cuentas y si hay alguna novedad literaria. Besos Puri.

    Pedro por si te paseas por aquí, te mando un abrazo, Puri.

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  4. Puri, este comentario va para ti.
    Haz el favor de dejar alguna nota en mi blog.
    Tu sabes que me encanta el cotilleo porque la curiosidad es la madre de la ciencia y de las letras.
    mandame tu correo.
    el mio:
    pmtalavan@educa.madrid.org
    Besos
    pedro.

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  5. ¿Qué tal por Alemania?
    Me temo que voy a recorrer los mismos caminos que tu. Mi hija tambien se va con un alemán.
    ¡¡¡¡Puri!!! Mándame tu correo, anda...

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  6. Hola Pedro.
    por Alemania siempre bien por estar quien estan,
    y por que siempre tengo la posibilidad de conocer cosas nuevas que poco a poco iré exponiendo.
    Si tu hija se va a Alemania como dices te pasará como a mí, a ratos bien, otros... según las circunstancias. pero hay que reconocer que está un pelín -como dice Juan Carlos-, lejos
    ya he visto tu comentario en su blog. gracias.
    Saludos

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  7. Puri, sólo decir, que me hizo mucha ilusión recibir vuestros mensajes en Berlín
    No contesté en su momento por culpa del ordenador, aquel teclado era diferente al mío y me liaba, y opté por dejarlo.
    Estás en lo cierto, son relatos escritos en el 2000, en Juan I
    ¡¡Qué tiempos!! ahora me entretengo en desempolvarlos.

    Con unos días de retraso... gracias por interesarte por todo. Kety

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